MISIONEROS POR SIEMPRE

Hola a todos, quisiera compartirles algunas experiencias que tuve como misionero en la Amazonía, en la región de Yurimaguas. Pasa que es parte de los Misioneros Pasionistas, estos hombres que se aventuraron hace cien años en esas tierras de la Amazonía. La historia misionera de los Pasionistas en la Amazonía se va tejiendo cada día, cada hora. No podemos imaginarnos que en este momento un misionero camina por lo enmarañado de la foresta amazónica, con una sed que hace arder la garganta, una calor que exprime hasta los huesos; y al llegar al destino, tal vez le espere un lugar incómodo, acribillado por moscos y sancudos.
Pero hay algo que lo hace distinto y gratificante: unos niños que sonríen por tu llegada, unas madres que te acogen con ansias, cual hermano o padre suyo esperado, un pueblo que goza de tu presencia. Es el mejor regalo y el mejor hospedaje: el corazón sencillo y alegre de la gente de nuestro pueblo en la Amazonía. Muchas veces me ha tocado sentir los huesos descoyuntados por la caminata, pero sentir también el afecto y el amor que me daban tanta alegría estos gentes humildes. Los niños, ellos son los primeros en alegrarse de la llegada del misionero. Recuerdo una vez que cuando llegaba con mi mochila al hombro a una casa, cansado, salían los niños felices y se alegraban todos, algunos de ellos a abrazarme con alegría. Su madre les decía: “¡Tanto te alegra el hermano, ni a tu padre le recibes así!”.
La consigna de Jesús para ser sus seguidores era: “Dejar casa, hermanos, familia…” y el premio era cien veces más que eso. Me preguntaba: ¿Cuál era ese cien? Y mirando a estos niños, a estas familias que me acogían profundamente como algo suyo como parte de ellos… Caí en la cuenta de que era mi nueva familia, los hijos que Dios te los confiaba para que los formaras en la fe y el amor, lo que a veces los padres desde su sencillez y pobreza quizá no logran hacerlo. Para ello está el misionero, el hermano que llega de lejos con un mensaje, con una sonrisa mágica con la que les enseñará que Dios está en medio de nosotros.
Hay tanto que contar de mis correrías misioneras en la Amazonía. Soy tan feliz de haber sido llamado para esta misión y le agradezco a Dios. Seguiré contándoles más adelante experiencias en la misión, aquellas por ejemplo, que cuando navegábamos con la barca por el río, las corrientes casi nos voltea la barca… o aquella vez cuando un gallo me cacareó justo al oído cuando dormía tan a gusto a las cuatro de la mañana.
La experiencia misionera es tan grande y difícil de contar como es. Ya decía Jesús. Esto sólo lo entienden (yo diría: “lo disfrutan”) sólo los que son llamados. Es difícil entender esto desde una realidad distinta. Quizá de allí que siempre oigo decir que los “curas” se pierden lo mejor que es “gozar del mundo”… ¿Qué será gozar de verdad cuando se puede uno llenar de todo materialmente pero estar por dentro vacío y lleno sí de ansiedad? No lo sé, bueno, sólo sé que en la otra orilla… están esperando estas humildes familias. MISIONEROS PASIONISTAS, PASIÓN POR LA AMAZONÍA.

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