CON OLOR A OVEJA

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Celebrados ya los acontecimientos maravillosos de nuestra salvación en la Semana Santa, estos misioneros regresan cual soldados a sus bases, felices de haber cumplido la misión que se les había encomendado. En efecto, Daniel, el más entusiasta que aunque no es de estas tierras, le salta el corazón de alegría por esta gente sencilla de la Amazonía.

Los habitantes de la riberas de los ríos en la selva pocas veces tienen la oportunidad de tener al misionero en Semana Santa, ahora que estuvieron con él, le contagiaron a Daniel todo el aroma de oveja, y Daniel por el contrario, como buen misionero pasionista puso todo de sí, corazón y alma a la misión, a estar con los más pequeños pero grandes en la fe.

Esperamos que Daniel continúe su labor con más entusiasmos ahora, pues una vez cargadas las baterías de la fe, tienen todo el año para darla

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