UNA NUEVA EXPERIENCIA PASIONISTA QUE HACE HISTORIA

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10 de marzo de 2015, 12 del medio día aproximadamente. Una camioneta ligeramente encharcada se detiene en la puerta principal del centro de Misiones en la Amazonía, Vicariato Apostólico, en Yurimaguas, un pueblo de esos donde abundan sólo motocarros y llueve mucho. A través del cristal de las ventanas de la camioneta, se aprecia un rostro algo temeroso y detrás del asiento se alborotan más personas. Se abre por fin la puerta de la camioneta, alguien baja con pie derecho por si las moscas no le traiga mala pasada. Por fin se ve en pie, una misionera Hija de la Pasión está en tierra de misión de Yurimaguas, detrás bajan tres hermanas más, todas con el uniforme hecha girones por el viaje y los rostros llenos de fatiga.

El asombro no se me va al verlas aquí. ¿Cuándo? ¿Dónde empezó todo esto? ¿Quién es el autor de esta obra? ¿Será tarea fácil? ¿Qué momentos vivirán? Son un sinfín de pensamientos que cruzan mi pobre cabeza. Me acerco a darles el saludo de.. bueno, ¿cómo se llama ese saludo en esos momentos? digamos fraterno por el momento.

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Nos saludamos y salen de la puerta del Vicariato otros misioneros más que también hacen lo mismo. Pueden haber muchas dificultades pero el gozo es mayor, mucho mayor que todo y estoy seguro que pudo más Dios que nuestros enredos humanos. Todas pasan al Vicariato… para el saludo oficial y presentación al obispo, Mons. José Luis Astigarraga, es propicio el momento para expresar tantos gestos gratos a las nuevas hermanas. Pasan rato hablando amenamente. Al término de la reunión pasan del Vicariato a la Casa de los Misioneros Pasionistas, allá también reciben el saludo efusivo y se comparte un delicioso almuerzo de fraternidad.

A la tarde las hermanas se preparan para ir al lugar donde pernoctarán, antes hay coordinaciones, bueno diría también apuros del momento que surgen como en todas partes. Las hermanas se desplazan, y quieren hacerlo a pie, al lugar donde van a estar, a Dios gracias a unas cuadras de la sede de misión.

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Por fin llegan al lugar, unos ambientes espaciosos y cómodos donde estarán por el momento. Entonces se despiden ya del Padre Raúl(Pasionista) que los trasladó desde Tarapoto. Cada una va conociendo las habitaciones y están todas emocionadas. Se destapan las valijas de donde sacan como de una caja de sorpresas todo lo traído y con emoción la esparcen en la mesa de la cocina. De las cosas traídas sacan un depósito vacío de agua, claro, ante el calor abrumante ya hacía falta. Hay que traer agua para las hermanitas…

Y después… ¿Qué pasó? Bueno, eso será historia de otro momento en la que contaremos más vivencias al detalle de estas hermanas pasionistas muy queridas.

Escenas de próximos capítulos.

La lluvia arrecia con fuerza, una de las hermanas empapadas hasta los zapatos baja a ver lo que pasa detrás de aquella vieja puerta.. Oh drama! Una mujer, acurrucando a su pequeño en su pecho en medio de chorros de lluvia está parada junto a la puerta, su rostro casi desfigurado por el barro apenas dice unas palabras.. –Madrecita ayuda por favorcito-. La hermana, presurosa, la hace pasar adentro y cierra con fuerza la puerta.. Al momento, unos golpes bruscos tocan la puerta, como queriendo derribarla… -¿Quién será?- Dice la hermana. La mujer con rostro tembloroso le dice: -Madrecita no lo haga pasar por favor-. Pero la hermana, armada de valentía se dirige a la puerta, grande es su sorpresa cuando al abrir la puerta…

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