UN PUEBLITO, DONDE LOS MISIONEROS PASIONISTAS FUIMOS TESTIGOS DE ALGO QUE TE SORPRENDERÁS. DISFRÚTALO TAMBIÉN

Los pueblos de la Amazonía necesitan ser reconocidos y valorados, su permanencia anima una vida sana y duradera. Estos pueblos conviven con la naturaleza y renuevan constantemente su existencia. Lamentablemente el ingreso del “progreso” ha generado en parte un deterioro ambiental y moral para estos pueblos. El abandono del estado y de otras instituciones de valor social hace que estos pueblos sobrevivan entre la miseria y la tentación de ofertas destructivas.

La Iglesia Católica ha trabajado en estos pueblos el valor de su identidad, ello llega a ser ahora parte de su tradición y costumbres. El valor espiritual ha llegado a ser un motivo de superación y perseverancia de su vida diaria. La esperanza de una mejoría y el valor de una vida sana anima a estos pueblos a seguir adelante, a compartir su idiosincrasia y ser una puerta abierta a los que desean compartir sus vivencias.

El caserío Bolognesi es acompañado por los misioneros pasionistas, ellos llevan la esperanza y el valor del trabajo a sus moradores. Un área importante de valoración en este trabajo pastoral es la infancia. Se necesita recuperar el valor de la familia, la convivencia fraterna y la solidaridad. Estos valores se viven con los niños en los encuentros misionales.

Hay que crear esperanza para seguir luchando por un mañana mejor. La alegría y la fe son los pies con los que es posible andar en medio de un mundo humanamente frío y casi sin valores. Dios no es sólo una teoría a enseñar, sino una vivencia que parte desde la sonrisa hasta el compartir fraterno con los demás, es un Dios que sufre y camina con su pueblo, pero es un Dios que nos asegura que vale la pena vivir para ser felices.

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