PARROQUIA “BUENA NOTICIA”, PASIONISTAS

La parroquia Buena Noticia está conformada por 40 comunidades rurales rivereñas, cerca a la ciudad de Yurimaguas, desde el caserío Rosa de América bajo Huallaga hasta todos los caseríos del valle de la quebrada del Cuiparillo.

Esta zona ha sido un caso especial de la misión en Yurimaguas; estando cerca a la ciudad, siempre se pensó o se creyó que estaría atendida desde la ciudad por algún misionero, pero no era así. En los últimos años de la misión, desde los años noventa, llegaron aquí misioneros pasionistas de vanguardia, con la finalidad de establecerse en las mismas comunidades, rompiendo una vieja tradición misional: del misionero que llegaba de vez en cuando, impartía los sacramentos y no volvía por largo tiempo. Ahora se implantó la misión en las famosas “guras misioneras” de largas temporadas, desde 15 días hasta un mes o más, sin ver la ciudad.

De esta manera, el año 2002, el Vicariato Apostólico de Yurimaguas, a cargo del que en vida fue Monseñor José Luis Astigarraga Lizarralde, preocupado por la atención pastoral de estas comunidades, crea la Cuasi-Parroquia Jesucristo Buena Noticia, cuyo primer párroco sería el Revdo P. Pío Zarrabe Garro, le secundarían los Hnos. Abraham Machaca y el Estudiante Raul Romero, todos pasionistas. A partir de allí, los misioneros pasionistas continúan la cadena de los grandes misioneros itinerantes que trabajaron en esta zona amazónica, tales como el P. Vicente Inchausti, P. Ignacio Basauri Landa, etc.

En la actualidad, los misioneros Pasionistas, pioneros de la misión en la Amazonía, han hecho nuevamente suyos esta labor a pesar de la crisis vocacional que mermó drásticamente la presencia pasionista en la Amazonía. Los jóvenes que van despertando su inquietud misionera en la Congregación Pasionista, se van acercando y dando vida a esta zona misionera. Los últimos Capítulos Provinciales Pasionistas han destacado esta presencia misionera en la Amazonía y han optado por reforzar esta labor por constituir una tarea esencial que manifiesta la indetidad pasionista. Es así que los últimos misioneros pasionistas que conforman la comunidad son extranjeros en su Mayoría, de México, Indonesia, España y Perú.

Una apuesta por la juventud. Los misioneros pasionistas de hoy apostamos por la niñez y la juventud, allí se encuentran los cimientos de la presente y futura Iglesia local. Es así que, más que estructuras materiales, estamos dando fuerza a la presencia evangelizadora en estas comunidades, toda vez que las poblaciones en estas comunidades son cada vez inestables por el contacto que tienen con la ciudad. La invasión comercial con aires de un espejismo de “prosperidad” está transformado cada vez a estas poblaciones en una vida ajetreada, con ansias de salir a la ciudad a buscar la supuesta mejoría.

A pesar que se hable de un país en desarrollo donde se está superando la pobreza y una incursión cada vez mayor del estado en zonas rurales, continúa la carencia de aspectos básicos que denotaría este progreso: vías de comunicación, escuelas secundarias, calidad en la educación y alternativas de trabajo para el campesino sin el deterioro del medio ambiente.
Por otro lado, el modelo social que ingresa a estas comunidades ha distorsionado el concepto de progreso de la gente, está destruyendo cada vez más la idiosincrasia de los pueblos mestizos y originarios, es una locura galopante tras la tecnología y las modas superficiales carentes de todo valor humano, la banalidad y el principio del placer venida de las grandes ciudades a través diferentes medios se imponen a las nuevas generaciones. En esta realidad así descrita, la religión o a lo mucho, la fe de cada uno, queda en suspenso, una alternativa de vida difícil de aceptar bajo pena de ir a contracorriente o declararse el tonto.

En medio de estas dificultades, a contracorriente de este complejo avances de la gente, los misioneros Pasionistas apostamos desde la Cruz de Cristo la única y gran alternativa de vivir para una verdadera y auténtica felicidad. No somos entes de bienes sociales ni magos solucionadores de sus problemas, sólo iluminamos sus caminos con la fe, les acompañamos en sus dolores y construimos despacio una comunidad basada en el amor y una vida sencilla al estilo del evangelio. Poco a poco, vamos calando en el corazón de estas humildes gentes víctimas del embate moderno, la presencia actuante del Dios de la vida, Jesucristo. Sólo así, ellos harán el cambio consecuente. Confiados en la gracia de Dios que actúa en nuestros hermanos, trabajamos a lomo partido para que ese reino prometido por Cristo se haga realidad también en estas comunidades.

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