SOMOS


QUIÉNES SOMOS

Somos una comunidad de religiosos pertenecientes a la Congregación Pasionista. Nuestra presencia en la Amazonía va a cumplir cien años, fecha que lo celebraremos con gran solemnidad y alegría.
Nuestra labor, desde nuestra llegada a estas tierras, fue siempre en ir lugares marginales y necesitados. Y es que en esta parte de la Amazonía del Perú, los habitantes del sector rural han sufrido y sufren aún la carestía y el dolor de siempre: ser los últimos de un mundo que desarrolla ante sus ojos. La injusticia y el abandono en que se encuentran estos hermanos nuestros siguen siendo hasta hoy una realidad lacerante.
Como misioneros, asumimos la consigna de San Pablo de la Cruz(nuestro fundador) escritas en nuestra norma de vida(reglas y Constituciones:

Sabiendo que la Pasión de Cristo continúa en este mundo hasta que Él venga en su gloria, compartimos los gozos y las angustias de la humanidad, que camina hacia el Padre. Deseamos participar en las tribulaciones de los hombres, sobre todo de los pobres y abandonados, confortándolos y ofreciéndoles consuelo en los sufrimientos.
Por el poder de la Cruz, que es sabiduría de Dios, trabajamos con ilusión por iluminar y suprimir las causas de los males que angustian a los hombres. Por este motivo, nuestra misión se orienta a evangelizar mediante el ministerio de la Palabra de la Cruz, a fin de que todos puedan conocer a Cristo y el poder de su resurrección, participar de sus sufrimientos y configurarse a Él en su muerte para alcanzar su gloria ( cfr. Filp. 3,10-11).

Nuestra vida, al lado de nuestros hermanos amazónicos, se convierte en servicio, incluso de sacrificio silencioso. Cada uno de nosotros sabe que el mundo irá siempre a contracorriente a lo que hagamos. Pero eso sólo es gloria de los que seguimos a Aquel que nos envió desde siempre. Es por eso que nuestros esfuerzos se marcan en metas y propósitos:

APOSTOLADO

Todos participamos en el apostolado, cada uno según las posibilidades, las aptitudes y los servicios que le sean encomendados.

LAS EXIGENCIAS DE SEGUIR A JESÚS CRUCIFICADO

Aceptamos las apremiantes exigencias que a cada uno de nosotros nos pide la llamada personal del Padre para seguir a Jesús Crucificado; a saber: esfuerzo continuo para hacer del Evangelio de Cristo norma suprema y criterio de nuestra vida;voluntad constante de vivir y trabajar gozosamente en comunidad fraterna, observando estas Constituciones según el espíritu de San Pablo de Cruz;firme propósito de fomentar en nosotros mismos el espíritu de oración y de enseñar a otros a orar;y además,diligente atención a las necesidades de los hermanos para conducirlos a la plenitud de la vocación cristiana por la Palabra de la Cruz”. (Const. Nº 3)

La evangelización no consiste en una doctrina fría, ni en un socialismo alienante, viene más bien de las fuentes mismas del evangelio, manifestada por Iglesia en los documentos dirigidas pare el mundo:

“Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. La comunidad cristiana está integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por el Espíritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre y han recibido la buena nueva de la salvación para comunicarla a todos. La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia “(Gaudium et spes 1. Concilio Vaticano II – La nueva presencia de la Iglesia en el mundo 1965).

Un ejemplo maravilloso de esa calidez de evangelio, de un firme compromiso para todos ante el dolor de la humanidad sufriente, es madre Teresa de Calcuta. Una simple mujer que en pleno tiempo moderno supo demostrar que a Dios no se le puede ignorar cuando nos está clamando en el dolor de pequeño y olvidados: nos está clamando en el dolor de pequeño y olvidados:

“Dios siempre cuida de sus criaturas, pero lo hace a través de los hombres. Si alguna persona muere de hambre o de pena, no es porque Dios no lo haya cuidado: es porque nosotros no hicimos nada para ayudarla, no fuimos instrumento de su amor, no supimos reconocer a Cristo bajo la apariencia de ese hombre desamparado, de ese niño abandonado”. (madre Teresa de Calcuta)

Siguiendo estas normas de vida que nos marca nuestras constituciones en la Iglesia, y de estos maravillosos ejemplos de fe como los de madre Teresa, los Pasionistas nos hemos insertado desde un inicio en esta cruda realidad.
Al entrar a este mundo amazónico aquellos años de 1913, tan distinta y peculiar al que los pasionistas habían estado acostumbrados a vivir en tierras europeas, sintieron pronto el reto de ser misionero. Las dificultades comenzaron a venir una en una. Es una inolvidable historia que conviene repasarla en los compromisos misioneros de hoy.
Les invitamos a hacer una memoria del pasado que constituyen para los Pasionistas reliquias de nuestra misión.
Un poco de historia

La Congregación pasionista entró en Perú por la puerta grande de la «misión». Los primeros pasionistas arribaron aquí invitados por el obispo de Chachapoyas, monseñor Emilio Lissón, para servir a la iglesia y al pueblo en una extensa zona de la amazonía peruana. No llegaban en busca de vocaciones ni para asentarse en lugares apacibles, regentando parroquias con buen soporte económico, ni para abrir colegios rentados.